Recuerdo cuando tuve por primera vez a mi bebé en brazos que una de las cosas que más llamaron mi atención fue lo delicada que era su piel.
Y no es solo fue una impresión: resulta que la piel de un recién nacido es mucho más fina que la de un adulto, la piel del bebé pierde agua con más facilidad y todavía está aprendiendo a defenderse de todo lo que la rodea.
Por eso es que muchas veces se necesitan productos suaves y una rutina constante que ayude a mantenerla sana, hidratada y sedosa; sin necesidad de complicarse mucho la vida.
Pensando en ello tengo para ti algunas recomendaciones generales que pueden ayudarte en esos primeros meses del bebé.
El baño: menos reglas fijas de lo que parece
Una de las primeras dudas de todo padre primerizo tiene con su bebé es cada cuánto bañar (hablo de un baño de verdad, no de solo echarle agua cuando se limpia después de hacer sus necesidades).
La buena noticia es que no hay una única respuesta correcta: es algo que puedes hacer a diario, cada dos días o incluso un par de veces por semana. Todo esto puede ser igualmente válido, siempre que el bebé mantenga una higiene adecuada.
Lo que sí conviene cuidar es la forma: por ejemplo, los baños cortos, con agua templada (nunca muy caliente o muy fría) y lo ideal es utilizar jabones neutros, sin perfumes y mucho menos deben tener alcohol.
Si se vive en una zona de clima cálido o muy caliente, es normal que el bebé sude más y que te resulte natural bañarlo con más frecuencia para que esté fresco y cómodo.
En climas más fríos, espaciar los baños ayuda a que la piel no se reseque de más, así que tampoco te sientas mal por ello.
En ambos casos, lo importante es adaptar la rutina al entorno y a lo que veas que tu bebé necesita, más que seguir una norma rígida.
Para elegir bien los productos de baño y aseo diario, conviene fijarse en fórmulas pensadas específicamente para piel de bebé, como las que se encuentran en el apartado de aseo para el bebé en las tiendas, que están justamente pensadas para ofrecerte productos que sean suaves y sobre todo que respeten el pH de su piel.
Hidratación: el momento importa tanto como el producto
Después del baño, aplicar una crema o loción hidratante ayuda a mantener la barrera de la piel en buen estado. Y esto para los bebés es muy necesario.
El detalle que muchos padres primerizos pasan por alto es el momento. Porque resulta que la crema se aplica mejor sobre la piel todavía ligeramente húmeda, no completamente seca, porque así ayuda a «sellar» el agua en lugar de simplemente cubrir una piel ya reseca.
Recuerda que al ser una piel tan sensible, que incluso puede estar mal hidratada la puede llevar a irritarse o incluso desarrollar pequeñas reacciones alérgicas con mucha más facilidad.
La zona del pañal, la que más atención necesita
El área genital es probablemente la que más cuidado del bebé exige durante los primeros meses del bebé.
La humedad y el contacto prolongado con orina o heces son la principal causa de las rojeces e irritaciones que casi todos los bebés han llegado a tener alguna vez.
Algunas prácticas que marcan la diferencia en este punto son:
- Cambiar el pañal con frecuencia, sin esperar a que esté muy cargado o sucio.
- Limpiar siempre de delante hacia atrás, con agua y jabón suave o toallitas sin alcohol, principalmente.
- Secar bien los pliegues antes de volver a poner un pañal nuevo; la humedad atrapada es la principal causa de las irritaciones en la piel del bebé.
- Si ya aparece alguna rojez, es necesario aplicar una crema de barrera (a base de óxido de zinc, por ejemplo) ayuda a proteger la piel mientras se recupera.
Tener a mano lo básico para el aseo del bebé como por ejemplo: toallitas húmedas, crema de barrera y algodón, facilita mucho seguir esta rutina sin muchos agobios, sobre todo cuando hay que hacer varios cambios nocturnos.
Sol: mejor sombra que crema en los primeros meses
Aquí conviene ser precisos, porque es un punto donde circulan muchas ideas confusas, mitos, creencias y sobre todo costumbres también.
En bebés menores de 6 meses, la recomendación de los pediatras no es aplicar protector solar, como se le recomienda a los adultos, sino evitar directamente la exposición al sol.
Por eso debe irse siempre por la sombra, usar ropa que cubra brazos y piernas, además de un gorrito que proteja cara y cuello son la mejor defensa contra el sol. Esto que sea de un material suave y fresco, no le pongas a tu bebé lana con 30 o 40 grados de temperatura.
Lo bueno es que la piel del bebé absorbe con facilidad lo que se le aplica, y en esta etapa lo más seguro es simplemente no exponerla al sol directo.
Después de los 6 meses, si va a haber exposición solar, es recomendable usar un protector solar específico para la piel de los bebés, con filtros físicos o minerales (óxido de zinc o dióxido de titanio) en lugar de los filtros químicos que normalmente usamos los adultos.
Así que no pienses que porque tu protector es de 50 es mejor para el bebé, ellos necesitan sus propios protectores ideales para su piel.
En cualquier caso, ten presente que las horas centrales del día (entre las 11:00 y las 16:00, es cuando el sol pega más fuerte), en esos horarios es mejor evitar el sol directamente, con protector o sin él.
Ropa y entorno: lo simple funciona mejor
La ropa de algodón, transpirable y sin costuras que rocen, es una de las mejores aliadas para evitar sudoración excesiva o roces que terminen en irritación.
Vestir al bebé según el clima real (no según «cuántas capas lleva uno mismo») suele ser más útil que seguir reglas estrictas de cuántas prendas ponerle o qué es lo que está de moda.
Vale la pena estar atentos al entorno en el que el bebé pasa tiempo jugando como por ejemplo: superficies limpias, sin productos irritantes cerca y con buena ventilación ayudan a que la piel esté menos expuesta a agentes externos que puedan generar reacciones alérgicas, entre otros.
Una rutina simple, sostenida en el tiempo
Al final de todo esto, cuidar la piel del bebé no requiere grandes secretos. Al menos a nosotros nos fue bien con estas pequeñas indicaciones
- Baños breves y templados,
- Hidratación en el momento justo,
- Cambios de pañal frecuentes,
- Protección frente al sol y
- Ropa cómoda y acorde a la temperatura.
Son estos pequeños gestos que, repetidos con constancia, lo que llegan a hacer la diferencia en esos primeros meses en los que la piel de tu hijo o hija todavía se está adaptando al mundo fuera de su madre.
Así que cuidar muy bien su piel te evitará grandes dolores de cabeza en el futuro.
Ahora cuéntanos, qué utilizas tú para cuidar la piel de tu bebé. ¡Te leemos!